MEMORIAS DE TËIMUR · LIBRO I

Memorias de Tëimur: El Niño Lunar

Un niño nace en una noche de luna llena, en una aldea oculta en lo profundo de un bosque. Es distinto de todos los que lo rodean.

Öryon jugando con Bakri en el bosque
LA VIDA EN LA ALDEA ELENIMË

LA CASA DE ÖRYON

La casa de Öryon se encuentra en la ladera de la montaña, en la aldea Elenimë. En la sala, una mesa de madera oscura reúne a la familia para comer y conversar. La despensa guarda frutas, cereales y hierbas; el olor de la comida y el calor del hogar forman parte de la vida que conoce antes de viajar.

Fuera, su padre lo espera en el pequeño campo donde entrenan. La vida de la aldea, las amistades y las expectativas de su familia dan forma a los primeros capítulos.

MAPA DEL LIBRO

ALDEA ELENIMË

Las primeras páginas del libro traen el mapa de la aldea donde creció Öryon. Allí están la Torre de Tahar, la Plaza Plateada y el camino hasta su casa, rodeados por el bosque. Al este, las montañas guardan Usteri Ilhön.

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Mapa de la Aldea Elenimë, de las primeras páginas de El Niño Lunar
Portada de Memorias de Tëimur: El Niño Lunar
SINOPSIS

EL NIÑO LUNAR

En una noche de luna llena, un niño nace en una aldea escondida en el bosque. Entre los Elenimë, devotos de la Qiellör de la Luna, Öryon crece siendo distinto de los demás, rodeado de secretos que todavía no comprende.

Sueña con conocer Tëimur y descubrir qué existe más allá de su aldea. Sin embargo, otros ya han decidido su futuro. A medida que los caminos del mundo se abren ante él, Öryon tendrá que descubrir quién desea ser y hasta dónde está dispuesto a llegar para elegir su propio destino.

Primer volumen de la trilogía Memorias de Tëimur, El Niño Lunar presenta un universo con una lengua propia, el Allusaër, y un poder llamado Onulë, la Esencia, cuyo dominio permite realizar hazañas extraordinarias. La obra combina la atmósfera de la fantasía clásica con influencias de los RPG, el anime y el manga en un viaje de descubrimiento que pone a prueba los vínculos de Öryon con su pueblo.

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Portada de la edición en español.

DEL PRÓLOGO

EN LOS ALBORES DEL TIEMPO

La Aldea se encontraba en el extremo noreste de Einmaröt, un bosque inmenso y antiguo. Algunos de sus árboles eran tan anchos que se podía vivir dentro de ellos; otros se alzaban tanto que nadie había visto jamás dónde terminaban. Los antiguos decían que, en los albores del tiempo, la propia Qiellör de la Caza había vivido allí, cuidando de las criaturas y las plantas, y que su poder había quedado arraigado en la tierra. Por eso, los árboles de Einmaröt crecían más allá de lo que debería crecer cualquier árbol.

—Tër Qmedur, señora, ¿tiene usted alguna…? —El soldado que tenía delante no conseguía terminar la frase. Buscaba un aire que no llegaba.

—Respire, femihai. Así no entiendo nada.

—Perdón. —Apoyó las manos en las rodillas, respiró dos veces y se enderezó—. Me han enviado a preguntar cómo está ella.

—Es fuerte. Está librando la batalla más difícil de su vida.

El muchacho palideció y bajó la mirada hacia sus propias botas. Se demoró en ellas antes de reunir el valor para regresar con aquella respuesta.

—Dígale que todo debería resolverse en unas horas. Ella está bien, está estable. Eso es todo lo que puedo decir por ahora. Cienna.

—Cienna Omë.

El Niño Lunar · Prólogo